Los cuatro jinetes del Apocalipsis

Los cuatro jinetes del Apocalipsis es una historia sobre el sinsentido de la guerra que, al igual que Casablanca o El mundo de ayer,  narra una guerra que aún no había terminado (en este caso, la I Guerra Mundial) en el momento de su publicación. Blasco Ibáñez, claramente decantado por el bando francés, construye la historia de la Gran Guerra a través de los distintos miembros de una familia dividida entre Alemania (los Hartrott) y Francia (los Desnoyers).

La novela se presenta a menudo como una historia de amor truncada por la guerra. Sin embargo, en mi opinión, es mucho más que eso. Y el enamoramiento de dos jóvenes justo antes del estallido del conflicto es sólo uno de los múltiples episodios de una novela coral en la que Blasco se vale de una multitud de personajes, protagonistas y secundarios, para retratar los distintos efectos de la guerra y puntos de vista.  Entre esos personajes secundarios, destacaría sin lugar a dudas la pareja mixta (el francés, ella alemana), vecinos del joven Julio Desnoyers, y el ruso Tchernoff. O los sirvientes del castillo del señor Desnoyers, que serán testigos de la famosa primera batalla del Marne. También hay que tener en cuenta que el autor está claramente decantado por el bando francés. Y aunque es crítico con todos, lo es mucho más con los alemanes, con cierta tendencia a presentarlos como seres ridículos y malvados, capaces de todo lo peor y fieles seguidores del militarismo que el autor desprecia.

Otra aportación de los personajes es el reflejar las costumbres y los valores de la época. Y, por supuesto, eso incluye las claras diferencias entre ellos y ellas. Julio Desnoyers y Margarita Laurier son un buen ejemplo: dos jóvenes frívolos y despreocupados a los que la guerra coloca en el lugar que la sociedad espera (no diré cuáles para no desvelar parte del final).

Hay dos películas que adaptan esta novela. Aunque ambas le dan mucho más protagonismo a la historia de amor de los jóvenes, la de Rodolfo Valentino (1921) es la única que mantiene un cierto parecido con la novela (y está disponible online). La de 1962 adapta la historia para situarla durante la II Guerra Mundial y la convierte en un drama romántico sin mayor trascendencia.

Para mi gusto, desde el punto de vista histórico, uno de los aspectos mas interesantes de la novela es cómo describe el efecto de la propaganda de ambos gobiernos (francés y alemán) antes y durante la contienda. Sin embargo, a pesar del contenido histórico, es una novela ágil y que en ningún momento se hace pesada.

Si quieres leer más:

  • Análisis de José Ángel García Landa (UniZar).

El mundo de ayer

  • Stefan Zweig
  • Acantilado
  • Primera edición: 1942.
  • Idioma original: alemán (Die Welt von Gestern). Traducción al español de Joan Fontcuberta Gel y Agata Orzeszek Sujak.
  • En Amazon

El mundo de ayer, memorias de un europeo es la autobiografía del escritor austríaco Stefan Zweig, pero  El mundo de ayer es más que una biografía: es la historia de Europa desde finales del siglo XIX hasta el estallido de la II Guerra Mundial.

De hecho, el libro es parco en detalles de la vida personal y familiar. Es llamativo que a su primera mujer, Friderike Zweig, sólo la mencione dos veces. Y que no aparezcan en ningún momento las hijas que esta tenía de su primer matrimonio. De su segunda mujer, sólo narra una escena relativa al papeleo necesario para el matrimonio civil de ambos.

El libro empieza con un prólogo que nos prepara para asistir al derrumbe de Europa, y continúa con el relato de la infancia y adolescencia del escritor en Viena. Zweig nos presenta una Viena llena de luz, centro de la cultura europea y en donde el valor más preciado es la seguridad. La seguridad de saber que si haces las cosas bien, te irá bien. Y de que puedes confiar en tus gobernantes y en el progreso de la técnica y de la sociedad.

A pesar de tener un ritmo para mi gusto un tanto lento, hay muchos pasajes curiosos en estos primeros capítulos acerca de la vida en la Europa de preguerra.  Es especialmente llamativa la vigencia de las comparaciones que hace a lo largo de todo el libro entre ésta y la época en la que escribe sus memorias (publicadas en 1942):

  • las diferencias en la educación,

    Ni siquiera hoy logro evitar una cierta envidia cuando veo con cuánta felicidad, libertad e independencia pueden desenvolverse los niños de este siglo

  • la exaltación de la juventud como valor,

    Antes, en la época de la seguridad, todo aquel que quería prosperar tenía que disfrazarse lo mejor que pudiera para parecer mayor. (…)

    (En los años previos a la I Guerra Mundial) La generación entera decidió hacerse más juvenil, todo el mundo (…) estaba orgulloso de ser joven.

    (En la época de entreguerras) De repente no había otra ambición que la de ser joven e inventar rápidamente una tendencia más actual que la de ayer.

  • el abaratamiento y la democratización de los viajes,

    La bicicleta, el automóvil y los ferrocarriles eléctricos habían acortado las distancias y habían dado al mundo una nueva sensación de espacio.

  • o el avance de la técnica y la inmediatez de la información.

    La peor maldición que nos ha acarreado la técnica es la de impedirnos huir, ni que sea por un momento, de la actualidad.

Zweig pertenecía a la sociedad burguesa vienesa y a una familia acomodada, lo cual le permitió disfrutar de una posición muy ventajosa y viajar a lo largo y ancho de Europa. En un momento en el que viajar es cosa de privilegiados, recorrer el continente le permitió codearse con los mejores escritores, poetas, intelectuales y artistas de su época y le llevará a idealizar la Europa de pre-guerras y el Imperio Austro-Húngaro.

Estos viajes y amistades internacionales contribuyeron a forjar su carácter europeísta y su ideal de una Europa única en la que los países colaboran y comparten su cultura. Zweig, políglota y cosmopolita, cree en el progreso, la libertad individual y la cultura, pero no en la supremacía de la razón y la represión de los instintos (por algo era amigo de Freud). Sin embargo, su condición de citoyen du monde, no le salvó de sentir un profundo vacío cuando se vio obligado a abandonar su país por la invasión nazi.

El día que perdí el pasaporte descubrí (…) que con la patria uno pierde algo más que un pedazo de tierra limitado por unas fronteras.

Y es que su vida, como la de tantos otros europeos, se vio interrumpida dos veces por las guerras del siglo XX. Zweig describe el ambiente previo a la Gran Guerra de forma muy similar a cómo Blasco Ibáñez narra la actividad frenética de París en los primeros días de contienda en Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Y, de nuevo al igual que Blasco, ve cómo el hastío y la desesperanza se va adueñando de la población a medida que ésta se prolonga.

La guerra del 39 tenía un cariz ideológico (…) y luchar por una idea hace al hombre duro y decidido. La guerra del 14 (…) servía todavía a una ilusión, al sueño de un mundo mejor, justo y en paz. Y sólo la ilusión, no el saber, hace al hombre feliz.

Y por si una guerra no fuese suficiente, años más tarde asiste con incredulidad al ascenso al poder de Hitler.

¿Podía imponer nada por la fuerza a un Estado en el que el  derecho estaba firmemente arraigado (…) y en que todos los ciudadanos creían tener aseguradas la libertad y la igualdad de derechos (…)? Algo así no podía durar en pleno siglo XX.

Resulta difícil desprenderse en pocas semanas de treinta o cuarenta años de fe profunda en el mundo.

La biografía termina con el exilio en Brasil y con la guerra aún por terminar. Zweig acabó este libro poco antes de suicidarse en Petrópolis, Brasil, junto a su segunda mujer, Lotte Zweig.

Bajé al centro de la ciudad para echar una última mirada a la paz.

Todo se ha dicho ya sobre el europeísmo y humanismo de Zweig, que quedan plasmados en sus memorias. Sobre cómo la Europa de hoy se compara con la de ayer, y cómo las aspiraciones de Zweig se han visto o no colmadas, es mejor que hablen los que entienden de ello.

Si te interesa leer más:

  • Nota de suicidio
  • Biografía en la revista hispano-alemana Tierra de Nadie y en Babelia.
  • Entrevista a Wes Anderson en The Telegraph acerca de cómo Zweig influye en los personajes de Hotel Budapest (inglés). Y un artículo en la BBC sobre el mismo tema (inglés).
  • Artículo en Jot Down de Jorge Galindo con el motivo de la publicación de Los últimos días d e Stefan Zweig y la crisis de Grecia.
  • Crítica en Babelia sobre el libro que Frederike Zweig escribió sobre su ex-marido.
  • Sobre Frederike Zweig en Tablet (inglés). Una mujer que en la primera mitad del siglo XX se había divorciado dos veces.
  • Artículo en El Mundo acerca del libro de George Prochnik sobre los últimos días de Stefan y Lotte Zweig.
  • Reportaje en The New Yorker (inglés). Una de las cosas que más me gustan de este reportaje es que ilustran la noticia con una foto genial de Zweig y no con la imagen de su suicidio.
  • Artículo en The New York Times sobre el relanzamiento a la fama de Zweig en 2014 (inglés).
  • Casa-museo de Stefan Zweig en Petrópolis (Brasil)
  • Relato extenso e interesante de sus últimos días.
  • Artículo sobre las cartas entre Stefan Zweig y Joseph Roth en El País.

Hiroshima e Into the Valley

  •  John Hersey
  • Primeras ediciones: 1946 (Hiroshima) y 1943 (Into the Valley)
  • Idioma: inglés.

Una de las cosas buenas de mi trabajo es que conlleva viajar de vez en cuando. Y una de las cosas malas (o buenas) de viajar por trabajo es que no te permite elegir destino. Y esto es a veces bueno porque te da la oportunidad de conocer sitios a los que nunca te plantearías ir de vacaciones. Por ejemplo, este verano mi trabajo me llevó a Portland (Estados Unidos). Y allí me encontré con un tesoro para todos aquellos a los que les gusta perder el tiempo revolviendo entre montañas de libros: Powell’s City of Books. Cuatro plantas y nueve zonas de libros nuevos, usados y descatalogados. Una auténtica maravilla.

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Como al viajar en avión el espacio y el peso de la maleta están limitados, no pude comprar todo lo que me habría gustado. Así después de mucho revolver, me decidí por estos dos: Hiroshima e Into the Valley, ambos de John Hersey.

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Hiroshima, publicada por primera vez en el New Yorker en agosto de 1946 (un año después de la explosión de la bomba atómica en esa misma ciudad), narra el aspecto humano de la catástrofe que supuso para la ciudad la caída de la bomba atómica. Para ello, y basándose en entrevistas con testigos reales, Hersey reconstruye el relato de seis supervivientes desde el momento exacto de la explosión (la mañana del 6 de agosto de 1945) y hasta un año más tarde. Además, en versiones posteriores, se añadió un capítulo que aborda la situación de estos mismos personajes 40 años después. Los seis testigos elegidos son el reverendo Tanimoto, la viuda Nakamura, el Dr. Fujii, el padre Kleisorge, el Dr. Sasaki y la señora Sasaki (no emparentada con el anterior y que trabaja de oficinista).

La mayor parte del libro se centra en la descripción de los primeros días de confusión, la auto-organización de los supervivientes para salir adelante. Relata los horrores a los que se enfrentan los habitantes de la ciudad en un escenario post-apocalíptico, el desconocimiento sobre lo que acaba de pasar, la falta de alimentos y de atención médica, y, en resumen, el completo caos en el que se ve sumida la ciudad.

Hersey hace un relato impecable de las emociones y las reacciones a la catástrofe enriquecido por las diferencias en las circunstancias y los carácteres de cada uno de los personajes: proporcionando un relato humanizado desde distintos puntos de vista, sin caer en ningún momento en el morbo o el sentimentalismo.

El mismo tono periodístico  y humano se puede apreciar en Into the Valley. Otro relato de no-ficción, en este caso sobre la experiencia del autor cubriendo una batalla de los marines en Guadalcanal durante la II Guerra Mundial. En esta obra, lo relevante no es la batalla en sí, sino las condiciones de los marines y las impresiones de estos antes y después de la batalla. La publicación viene acompañada de varios dibujos y borradores originales hechos por alguno de los soldados. A los que hayan visto The Pacific, les resultará familiar la atmósfera que recrea Hersey en este libro, en el que consigue dibujar con palabras el mismo ambiente que se ve reflejado en la mini-serie.

Ambos libros son un ejemplo de buen periodismo en situaciones en el que es necesario no sólo conocer los hechos, sino también comprender a quien los vive. Y además, como ya he dicho antes, Hersey consigue lo más difícil cuando se trata de transmitir emociones, que es no caer en el sentimentalismo. En resumen, buena compra.

Para leer más:

 

Refugiados.

Después de un largo parón causado por, entre otras cosas, un traslado a otro país, quiero volver con un post un tanto diferente a los que he escrito hasta ahora. No se trata de la reseña o comentario sobre un libro en particular, sino de otra cosa. Como mucha otra gente, no puedo obviar el malestar, la sensación de vergüenza y tristeza, al ver el circo que Europa está montando con la acogida de refugiados. En España no es un fenómeno nuevo. Ya hace tiempo que vemos en el telediario, un día sí y otro también, alguna noticia sobre alguna desgracia de gente desesperada que intenta cruzar el Estrecho. Un naufragio, niños, mujeres embarazadas, adolescentes, ahogados, muertos. Gente desesperada. Sí, desesperada. Porque me cuesta creer que alguien en su sano juicio y sin problemas decida abandonar su casa, su familia, sus amigos, su vida, y arriesgarlo todo en una aventura suicida que, con muchísima suerte, le pueda llevar a un país extranjero en el que no conoce a nadie, del que no conoce el idioma y en el que tiene que construirse una nueva vida desde cero. O desde por debajo de cero. Yo no soy experta en el tema (como sí lo es @orapmagon, a quien os recomiendo que sigáis en Twitter), pero nunca dejará de asombrarme la indiferencia con la que somos capaces de asumirlo. Son gente de otros países. A mí esto no me atañe porque no me va a pasar.

Pues sí. Pasa. En Europa. No hace tanto tiempo. Por eso me gustaría hacer un pequeño compendio de obras literarias y de otro tipo, centradas en España y Europa, que, aunque tengan escenarios y sean de épocas diferentes, pueden ayudarnos a encontrar la empatía que nos falta. Por supuesto, es un compendio incompleto y personal en el que incluyo algunas cosas que me han marcado a mí. Probablemente me deje muchas en el tintero, bien porque no las conozco, bien porque no me vinieron a la cabeza en el momento de escribir este post. Cualquier recomendación será bienvenida 🙂

Una fuente segura de exilios forzosos con el que nos podemos sentir identificados es la Segunda Guerra Mundial. Con los judíos recorriendo Centro Europa, de un país a otro, huyendo de aquellos que los querían exterminar. El mejor relato de esta huída lo leí en el libro de Eva Schloss Después de Auschwitz. Si bien no tiene la calidad literaria de otros testigos del Holocausto como Primo Levi o Jorge Semprún,  Eva describe con crudeza la angustia de moverse de un país a otro, la pérdida de contacto con la familia, el tener que dejar una vida normal y convertirse en fugitivos a los que unos engañan y de los que otros se aprovechan. Cuando una lee sobre la incredulidad ante la denegación de asilo en otros países, fuera del continente, donde ya se encontraban otros miembros de la familia, no puede evitar pensar que esto ahora no pasaría. Que no seríamos tan inhumanos como para denegar la entrada a una familia que escapa de una muerte casi segura. Porque esto en Europa ya no pasa.

Sobre exiliados, apátridas y persecuciones también habla Muñoz Molina en Sefarad. Aunque no se centra tanto en la huída masiva o la petición de asilo en otros países. En La noche de los tiempos, hay dos personajes a los que las circunstancias de conflicto o persecución en sus países obligan a escapar. Por un lado, el profesor Rossman, judío, antiguo arquitecto de prestigio en su país, Alemania, que tiene que subsistir con lo que gana su hija dando clases a hijos de viejos conocidos. Por otro lado, el protagonista, que huye de la Guerra Civil con el pretexto de dar un curso en una universidad americana y deja atrás a su familia.

Porque de España también huimos en el siglo pasado. Y sobre eso hay una gran cantidad de literatura. Especialmente sobre cómo en Francia los españoles eran expulsados o internados en campos de concentración (en uno de ellos acaba de inaugurar el gobierno francés un Memorial). Supongo que algún año acabaremos inaugurando algún memorial en los CIEs. Esta historia en la literatura la descubrí con El Corazón Helado, de Almudena Grandes. Fue hace tiempo y no recuerdo los detalles, pero sí que recuerdo el relato de la dura vida en el exilio en Francia de la familia Fernández Muñoz y el de los campos franceses. Menos novelada es Los surcos del azar, de Paco Roca, una novela gráfica sobre los integrantes de La Nueve, la división española que liberó París de la ocupación alemana (entre otras cosas). Cuyos protagonistas también pasan una temporada internos en Francia y que también incluye viñetas tremendas sobre gente desesperada intentando huir en barco de una España en guerra. En barco también huye Celia, la niña traviesa de una serie de libros para niñas escritos por Elena Fortún y que acabó en serie de televisión de RTVE. Celia en la Revolución es un libro que ha pasado inadvertido y que apenas tiene nada que ver con el resto de libros de la serie. Celia se ve atrapada y sola en la guerra. Y así, sola, es como pretende huir desde Valencia en barco. No sabemos como acaba la huída (sí hay libros que cuentan historias posteriores sobre Celia, así que sabemos que no acaba mal), pero leyendo el libro podemos comprender qué lleva a la pobre Celia a querer huir como sea en un barco que ni sabe a dónde la lleva.

También me gustaría mencionar la película española La mujer del anarquistaNo tanto por el relato del exiliado (que también, el anarquista se exilia a Francia y pasa, cómo no, por los campos franceses), sino por cómo narra la desesperación de quien se queda y no sabe nada del huido. Si vive. Si no. Si está bien.

Y ya no me voy a meter hoy en la emigración de españoles y gallegos (que me toca de cerca) en busca de trabajo. O con el drama de La Bestia en Centroamérica.  O con el tráfico de personas. Porque no acabaríamos nunca.

Y porque incluso cuando la acogida es buena, las circunstancias de la gente que huye son extremadamente difíciles, tengamos un poco más de empatía.

Otros artículos y obras:

El crimen del soldado

  • Erri de Luca
  • Seix Barral (Formentor)
  • Primera edición 2012.
  • Idioma original: italiano (Il torto del soldato). Traducción al español de Carlos Gumpert Melgosa.
  • En Amazon
  • Nota: 6/10

No soy muy dada a las críticas desfavorables, básicamente porque me gusta leer un poco de todo, pero he de decir que este libro me decepcionó. Más un relato que una novela, tiene como centro argumental el conflicto que genera en su protagonista el descubrir que su padre es un criminal de guerra nazi huido de la justicia.

El tema promete, pero, en mi opinión, no termina de cuajar. Creo que se le podría haber sacado mucho más partido. El relato está lleno de disgresiones de la protagonista y un tercer personaje que aportan poco al hilo argumental, lo cual contrasta con que éste sea tan escueto. Dado que el relato no va a profundizar en ciertas cosas, muchas de estas disgresiones parecen superfluas. El conflicto padre-hija se explota muy poco (así como el que pudiese tener la madre de la protagonista), el hecho de que el padre haya sido un soldado nazi acaba siendo poco más que una anécdota que da lugar a contradicciones curiosas (el hombre acaba obsesionado con la Cábala), pero el personaje no acaba de cristalizar. O incluso la protagonista, que no acaba de parecerme un personaje logrado.

Otro problema que le veo es que quizá la historia secundaria debería estar al final del relato, en lugar de al principio, ya que estropea un poco la sorpresa final en el desarrollo de la historia principal.

Quiero terminar diciendo que hay algo que sí me gustó del relato, y es que el marco de la historia y el desenlace tienen un punto muy original y sorprendente. Quizá el fallo esté en la reseña de la contraportada intentando vender lo que no es.

Si quieres leer algo más:

Si esto es un hombre

  •  Primo Levi.
  • El Aleph editores (Austral).
  • Primera edición 1947 (revisada en 1958).
  • Idioma original: italiano (Se questo è un uomo). Traducción al español de Pilar Gómez Bedate (1987)
  • En Amazon
  • Nota: 10/10

Si esto es un hombre es el primero de los tres libros que  Levi dedicó a los campos de exterminio (los otros dos son La Tregua y Los hundidos y los salvados). Primo Levi escribió este libro, testimonio del horror nazi, poco después de su liberación de Monowitz (campo de trabajo que formaba parte del complejo de campos de trabajo y exterminio de Auschwitz). Es un testimonio crudo, que golpea al lector sin piedad y sin anestesia. Primo Levi desgrana con detalle la deshumanización llevada a cabo por los nazis con los prisioneros judíos y que obraba en ambas direcciones, deshumanizando a víctimas y a verdugos. En su relato no hay lugar para el morbo. Ni tan siquiera hay lugar para los carceleros. Primo Levi no juzga, sólo relata. Las SS, los kapos y la maquinaria de gobierno de los campos se convierte en una masa informe en la que no cabe la personificación.

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No hay juicio, cierto, pero tampoco es un relato aséptico. Sería casi imposible que lo fuese. Se concentra en las actitudes de los presos y las consecuencias de las condiciones extremas a las que se vieron sometidos. Especialmente, en los efectos de la pérdida de la esperanza, que se plantea como únca forma de supervivencia: el no esperar la salida, no confiar en la propia salvación, no pensar en el mundo de fuera. Esto es lo único que insensibiliza ante el terror y el miedo, pero también deshumaniza. Se pierde la condición de persona. Son vidas concentradas en sobrevivir a cada instante que no se pueden premitir el fantasear sobre un día, mañana,  que no saben si llegará.

… ¿Y hasta cuándo? Pero los antiguos se ríen de esta pregunta: en esta pretunta se reconoce a los recién llegados.

Primo Levi analiza la insolidaridad derivada de la desesperación y la necesidad de concentrar las fuerzas en la supervivencia de uno mismo. No de cara a la liberación, sino de cara al siguiente día, a la siguiente hora, al mismo instante. Creo que lo refleja a la pefección el siguiente párrafo:

Me doy cuenta de que todo esto está lejos del cuadro que suele imaginarse de los oprimidos que se unen, si no para resistir, cuando menos para sobrellevar algo. (…) Pero advierto que en nuestros días, en todos los países en los que un pueblo ha puesto su pie de invasor, se ha establecido una situación análoga de rivalidad y odio entre los sometidos.

Es un relato enfocado desde una óptica muy diferente al que hace Semprún en La escritura o la vida. Levi busca dar un testimonio directo de lo ocurrido. E inmediato. Lo empezó a escribir poco despué de la liberación. Semprún pretende elaborar una ficción que permita entender lo vivido a las generaciones posteriores no sólo como espectadores de un testimonio. Su obsesión no es desgranar el día a día del campo, sino transmitir la esencia misma del Lager, el trauma. Y, además, mientras que Levi adopta la escritura como forma de liberación, Semprún no consigue hacerlo y enfrentarse a ello hasta muchos años después.

Sabemos que es difícil que alguien pueda entenderlo, y está bien que sea así.

Quizás no se pueda comprender todo lo que sucedió, o no se deba comprender, porque comprender casi es justificar. (…) Si comprender es imposible, conocer es necesario (…). Las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también.

Sin embargo, a pesar de la diferencia de la experiencia de ambos (Levi estaba en un campo para judíos, Semprún en uno para presos políticos con una fuerte organización entre los presos), es posible encontrar paralelismos. Semprún encontraba una relativa paz en las letrinas, fuera de la vista de las SS. Levi en el Ka-Be, una suerte de ambulatorio. Ambos buscaban espacios donde los presos recuperan cierta humanidad, cierta conciencia humana gracias al contacto con los compañeros. Y, mientras que para Semprún el trauma se manifiesta en forma de nieve y olor a crematorio, en Levi es la música de orquesta que acompaña a los presos cuando salen hacia el trabajo y cuando vuelven a entrar en el campo.

Cuánto de nuestro mundo moral normal podría subsistir más allá de la alambrada de púas.

Es especialmente interesante el añadido de la edición de 1976. Se trata de un apéndice, inicialmente elaborado para la edición escolar, en el que Primo Levi responde a preguntas frecuentes de estudiantes. Sin embargo, como eran muy similares a las preguntas formuladas por los adultos, por suerte podemos disfrutar de él en la versión completa del libro. En estas respuestas, Primo Levi hace un análisis completo de la persecución judía y la política europea de la primera mitad del siglo XX. También reflexiona desde la distancia y de una forma sosegada sobre el odio al diferente, el perdón, la necesidad o no de comprender, lo que sabía la sociedad civil alemana sobre lo que pasaba en los campos y sobre su vuelta a Auschwitz. A quien le resulte muy dura la temática para leer el libro completo, le recomendaría que no se perdiese este apéndice.

Quien quema libros, termina tarde o temprano por quemar hombres
Heine.

Si quieres leer algo más:

Roteiro pola Coruña mariñeira con Xurxo Souto

A cidade é un libro que se le camiñando

Agustín Fernández Paz

Así comeza un roteiro literario pola Coruña da man de Xurxo Souto organizado pola Asociación de Escritoras e Escritores en Lingua Galega (AELG). O primeiro nome deste roteiro (o oficial) era Ulysses Fingal, seudónimo do pintor Urbano Lugrís e que une ao heroe da Odisea e navegador do mundo co heroe gaélico. O segundo nome, Milucho Mariñas, é o dun percebeiro  dono da sabiduría do seu gremio: os nomes da xeografía do mar.

IMG_20150516_122340Comezamos a ruta falando do desaparecido Castelo de San Amaro, onde agora se erixe o actual Club de Mar, ao carón da praia onde morreu afogado o poeta Aurelio Aguirre. Prácticamente abandonado nunha esquina, está o antigo Club de Mar. Construído durante os anos da República, O edificio non só era un centro de ocio, xa que tiña, por exemplo, duchas nunha época na que a auga corrente non era moi común no barrio.

Dende aí, coa lenda de San Amaro (a búsqueda da illa da felicidade que tanto recorda á historia de San Brandán) e guiados por un Xurxo Souto vestido de Bravú e coa habilidade dos mellores contacontos, comezamos un percorrido por unha das zonas máis bonitas e máxicas da cidade ao son da corna e das lendas do mar.

IMG_20150516_124144Camiñamos por diante do Cemiterio da Garda Moura de Franco, reconvertido na “Casa das Palabras”, e un pouco máis aló, o monumento de Isaac Díaz Pardo aos fusilados no Campo da Rata. Enfrente, ao outro lado da ría, Mera. Dende onde cada noite oían os fusilamentos. Paramos no “Cabalo de Pragueira” (conxunto de rochas que recibe o nome da pesca do prago, pargo en español), dende onde se divisaba perfectamente a famosa Marola (“Quen cruzou a Marola, cruzou a mar toda“).  Falamos de Emilio González López, dignatario da II República e orixinario dun barrio mariñeiro da Coruña, que se dedicou ao estudio dos paxaros en New York e que tén unha placa nunha árbore de Central Park. E do nome que os mariñeiros da Coruña tiñan para o seu mar: o mar de María Antonia, dona dunha tenda en Santa Lucía, preto de Juan Flórez, que abría vintecatro horas. Chegar á María Antonia era como chegar á casa.

Sentados a carón do mar, fomos lembrando os naufraxios da ría da Coruña. “Esta cidade ten algo de punky”, dicía Xurxo Souto, “os rapaces de Montealto, para ver efectos artificiais, non tiñamos máis que asomar á fiestra”. Primeiro, a choiva IMG_20150516_132135negra do petroleiro Urquiola, que entrou cando baixaba a marea rozando nas Acentes, e saíu cando estaba todavía máis baixa, coas coñecidas consecuencias. Despois, (tralo naufraxio do Casón na Costa da Morte) ardeu o mar co Mar Exeo, que embarrancou nos Coitelos cubrindo a cidade de fume negro (a pesares das inspiradas declaracións do alcalde: “Tranquilos, coruñeses, el humo va para Ferrol”). Pouco despois, morreu o mar co naufraxio do Prestige.

O máis importante do roteiro son os nomes: a Marola, o Cabalo de Pragueira, as Acentes, os Coitelos, o Boi e a Vaca, o Campo da Rata, o Xogadoiro, o Gaivouteiro, a Furna dos Touciños (non de grasa, senón de touza), a Punta do Xanrei (nome que vén da pesca do camarón), o Monte dos Bicos (polos acantilados), a Rabaleira. E a praia do Areal, onde se collía area para limpar o chan e as escaleiras. Hoxe, praia das Lapas. Segundo Souto, invención do alcalde xa mencionado (o nome viría de “las llamas del faro”).

Rematamos á ruta ao chegar á Torre. A modo de despedida, un grito de guerra. Comeza cun O, e, como unha onda, vai collendo velocidade co R. Empeza a saírlle escuma no Z. E bate contra as rochas co Án: Ooooorrrrzán.

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Galiza coma fin da terra. E coma centro do mar.

Ademáis dos enlaces espallados no texto, aquí deixo algún máis:

  • Mapa das Pedras do Mar da Torre.
  • Galicia Encantada, Enciclopedia de Fantasía Popular de Galicia.
  • Xurxo Souto cos Diplomáticos de Montealto no Xabarín